fuego

Aceite de palma

El sol empieza su camino hacia el horizonte y los pasos sordos sobre
el camino de tierra se van acercando al centro.
Erguidas y cargadas con sus hijas, las mujeres se unen a la reunión
con seriedad y naturalidad. Saben que es importante, antes de que
haga la noche, hablarse y escucharse unas a otras.
Cantan juntas. Hoy, Sikitu habla.
Una vez tuve alegrías.
Palma sobre palma, las manos se acarician.
Pero llegó el dolor.
Palma sobre palma, las manos suenan.
La voz se calla, el tiempo para.
Palma sobre palma, las manos siguen.
No me gusta recordar, prefiero trabajar.
Palma sobre palma, las manos no paran.
Ahora canto y sueño que todo podrá ser.
Palma sobre palma, las manos se animan.
El relato se ha acallado.
Las palabras sobran.
Palma sobre palma, las manos negras sostienen pasado, presente
y futuro.
Las nuevas mujeres guardan silencio y miran a sus abuelas.
Palma sobre palma, graban a fuego en sus manos el ritmo ancestral,
infinito y sabio.
Palma sobre palma, la vida sigue; y, entre sus manos, el relato
pasa.

Microrrelato “Aceite de Palma”, seleccionado entre los 50 mejores microrrelatos. Publicado en Purorrelato – I Concurso de Microrrelatos Casa África. Los 50 mejores microrrelatos, acompañados de seis firmas invitadas. (Pág. 88)

Está en mi naturaleza

¿Por qué escribo? A veces, escribir me une a la tierra. Me refiero a la tierra minúscula. Escribir me conecta las raíces a los pies y me asienta el coco. Los pensamientos se plantan ordenadamente, como zanahorias en una huerta. Y es más fácil ver cuáles tienen verdaderas posibilidades de crecer. Me siento segura de lo que pienso. Sé que mis próximos pasos serán certeros.

Otras veces, cuando vengo cubierta de la arena cotidiana, escribir es como sumergirme en el agua. Después de un rato en remojo, los pensamientos se decantan y las emociones salen a la superficie. Cuando este proceso concluye, el alma se queda clara y quieta ante mis ojos.

Después están los días encendidos. En ellos, me siento ante el teclado mascullando cenizas sin mucho afán, hasta que una brasa pequeña sobresalta a la lengua. Remuevo y soplo ávidamente. Una llamita empieza a bailar. Me achispa la mirada. Mis dedos se vuelven veloces. Surge el incendio; el calor y la luz.

De una u otra forma, según el momento, escribir ayuda a pensar y sentir mejor; afirma la raíz, trasluce el alma, anima la vivacidad… Aunque tengo que reconocerlo: Mis favoritos son los días-viento para mis ideas-barrilete.